EL LIBRO DEL DESASOCIEGO: FERNANDO PESSOA - FRAGMENTOS

EL LIBRO DEL DESASOCIEGO: FERNANDO PESSOA - FRAGMENTOS (PORTADA REVISTA KAOS REVIEW)

La vida práctica siempre me ha parecido siempre el menos cómodo de los suicidios. Tener que hacer algo ha sido para mí una condena violenta del sueño injustamente condenado. Obtener influencia en el mundo exterior, cambiar las cosas, atravesar seres, influir en la gente —todo esto me parece siempre de una sustancia más nebulosa que la de mis devaneos—. La trivialidad inmanente de cualquier forma de acción ha sido, desde mi infancia, una de las medidas más deseadas por mi desapego incluso hacia mí mismo.

Hacer algo y reaccionar contra uno mismo. Influir es salir de casa.

Siempre he meditado sobre lo absurdo de que, allí donde la realidad sustancial se basa en las sensaciones, hubiese cosas tan complicadamente simples como tiendas, industrias, relaciones sociales y familiares, tan desoladoramente incomprensibles frente a la actitud interior del alma con respecto a la idea de verdad.


[393]

De mi negativa a colaborar en la existencia del mundo exterior me llega, entre otras cosas, un fenómeno síquico curioso.

Negándome interiormente a la acción, desinteresándome por las Cosas, consigo ver el mundo exterior cuando me fijo en él con una objetividad perfecta. Como no me interesa ni tengo razón alguna para cambiarlo, no lo cambio.

Y así consigo […].


 [394]

Saber no tener ilusiones es absolutamente necesario para poder tener sueños.

Llegarás así al punto supremo de la renuncia soñadora, donde los sentidos se mezclan, los sentimientos se desbordan, las ideas se penetran entre sí. Así como los colores y los sabores saben los unos a los otros, los odios saben a amores, y lo concreto a abstracto, y lo abstracto a concreto. Se rompen los lazos que, al tiempo que todo lo ligaban, todo lo excedían, aislando cada elemento. Todo se funde y confunde.


[399]

El mundo en el que nacemos sufre de siglo y medio de renuncia y de violencia: de la renuncia de los superiores y de la violencia de los inferiores, que es su victoria.

Ninguna cualidad superior puede afirmarse modernamente, tanto en la acción, como en el pensamiento, en la esfera política como en la especulativa.

La ruina de la influencia aristocrática ha creado una atmósfera de brutalidad y de indiferencia hacia las artes, donde una sensibilidad refinada no puede hallar refugio. Duele más, cada vez más, el contacto del alma con la vida. El esfuerzo es cada vez más doloroso, porque son cada vez más odiosas las condiciones exteriores del esfuerzo.

La ruina de los ideales clásicos ha hecho a todos artistas en potencia y, por tanto, malos artistas. Cuando el criterio del arte era la construcción sólida, la observancia cuidadosa de las reglas, pocos podían intentar ser artistas, pero gran parte de ellos son muy buenos. Cuando el arte, sin embargo, ha pasado de ser creación, a ser contemplado como expresión de sentimientos, cada cual puede ya ser artista, porque todos contamos con sentimientos.


[401]

Por dos veces, en aquella adolescencia mía que siento tan lejana, y que por sentirla así, me parece algo leído, un relato íntimo de alguien, disfruté del dolor de la humillación de amar. Desde mi posición de hoy, mirando hacia atrás, hacia ese pasado que ya no sé calificar ni como lejano ni como reciente, creo que ha sido bueno que esa experiencia de la desilusión me sucediese tan temprano.

No pasó nada, salvo que me ocurrió a mí. En el aspecto externo del asunto íntimo, legiones humanas de hombres han pasado por esas mismas torturas. Pero […].

Demasiado temprano obtuve, por una experiencia simultánea y conjunta de la sensibilidad y de la inteligencia, la noción de que la vida imaginativa, por aburrida que parezca, es, a pesar de todo, la que mejor se ajusta a temperamentos como el mío. Los espejismos de mi imaginación (posterior) podrán cansar, pero no duelen ni humillan. A las amantes imposibles les es también imposible la sonrisa falsa, el fraude del cariño, la astucia de las caricias. Jamás nos abandonan, ni nos largan de cualquier manera.

Son siempre cataclismos del cosmos las grandes angustias de nuestra alma. Cuando llegan hasta nosotros, en nuestro alrededor yerra el sol y las estrellas se perturban. En toda alma capaz de sentir llega el día en el que el Destino representa en ella un apocalipsis de angustia —un entoldarse de los cielos y de los mundos todos sobre su propio desconsuelo.

Sentirse superior es verse tratado por el destino como inferior a los ya insignificantes —¿quién puede vanagloriarse de ser hombre en tal situación?

Si un día pudiese adquirir un grado tan grande de expresión, que concentrase todo el arte en mí, escribiría una apoteosis del sueño. No conozco mayor placer en toda mi vida, que el de poder dormir. El desfallecimiento integral de la vida y del alma, el alejamiento completo de todo cuanto significa ser un hombre, la noche sin memoria ni ilusión, el no tener pasado ni tener futuro, la […].



Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) se erige como una de las figuras cumbres de las letras portuguesas y un referente imprescindible de la literatura universal.

​Aunque su figura quedó indisolublemente unida a Lisboa, pasó su juventud en Sudáfrica. Allí adquirió una formación británica que más tarde le serviría para ganarse la vida como traductor comercial. Sin embargo, al caer la noche y alejarse de las rutinas de la oficina, Pessoa se entregaba a la escritura bajo la piel de múltiples alter egos: sus célebres heterónimos. Lejos de ser simples seudónimos, estas figuras eran identidades poéticas con voz, estilo y temperamento propios que cobraban vida a través de su obra. Entre los más destacados se encuentran Alberto Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis; la fascinante complejidad de este juego literario era tal que Pessoa llegó a utilizar a unos heterónimos para reseñar y criticar los textos que firmaba con otros.

​A esta nómina se suma Bernardo Soares, el heterónimo a quien atribuyó el Libro del desasosiego, su obra cumbre en prosa.

​Pessoa falleció en su Lisboa natal a los 47 años a causa de afecciones hepáticas. Dejó tras de sí un imponente legado inédito que, aun hoy, continúa siendo objeto de estudio y debate...