UN HOGAR NO TAN HOGAR: SUJENIS CAROLINA URBINA ÑAÑEZ

Descubre una mirada profunda y honesta sobre la vejez de la mano de Sujenis Carolina Urbina Ñañez. Una reflexión íntima sobre el paso del tiempo, el olvido y lo que permanece al final del camino.


No todas las mañanas huelen a café,  una arepa o una tostada. A veces simplemente huele a alcohol, desinfectante, cloro y jabón. La rutina agobiante comienza en el momento en que entra el primer rayo de sol por la ventana y, cercano a tu oído; oyes una voz que te grita: “suelta mierda. Me quiero ir. Y te vas a ir tu también”. No resulta fácil convencerlo de que estás allí para ayudar. Aunque no todos se comportan igual, casi siempre al final del día pueda que te sorprendas cuando quien te ha colmado de besos en la mañana y agradece por tu compañía... se convierta en uno de tus agresores. 

Esta es la constante diaria que cumple un cuidador de adultos mayores. Las personas cuidadoras, sin importar edad, sexo o profesión, terminan envuelto en un mundo donde la violencia física y verbal han de ser toleradas por varias razones:

Es un adulto mayor, principalmente. Desde pequeño se nos ha inculcado que al adulto mayor se le debe respeto porque sí, y no debes de priorizarte jamás. Tu dignidad y tu derecho a ser respetado son abollados por la presión social y el sentimiento de la culpa.

Padece una condición mental que lo limita. Por lo que su capacidad para reflexionar y comprender que a quien hiere, no es precisamente lo que su mente le cuenta.

“Para eso te pago”. Frase común que suele escucharse entre muchos de los contratantes; bien sea durante un cuidado particular o en alguna institución dedicada al cuidado del adulto mayor.

Dedicarse a esta labor requiere de soporte emocional. El cuidador es un ser humano que lleva consigo la carga de un extraño que requiere de atención especializada. Si bien esta labor es por demás de hermosa y agotadora, se desarrolló con el fin de facilitar la estabilidad emocional y laboral del familiar; porque en muchas ocasiones los familiares desconocen técnicas y métodos de cuidados, o simplemente no han desarrollado la debida paciencia y entrega que esto amerita. Sin embargo algunos de los familiares suelen intervenir de manera irresponsable en las tareas del cuidador, lo que dificulta el desempeño profesional y humano, afectando la comunicación, logrando convertir el ambiente en un espacio hostil, alterando el estado psicológico, funcional y emocional del cuidador.

Dado a experiencias en algunos refugios para abuelos, puedo decir con certeza que no todo es lo que se vende en las pantallas digitales. Muchos de estos espacios ven al adulto mayor como un buen prospecto dentro del mercado. Se aprovechan de la vulnerabilidad de las familias para acaparar unos cuerpos ya vetustos y fruncidos por el paso de los años, cobrando un alto precio, y marginando al final de cada mes a la persona que los cuida.

La mayoría de los cuidadores que pertenecen a este tipo de instituciones son explotados, y mal pagados. Casi todos los centros te manejan la misma narrativa: “trabajo en equipo”. Aunque esto implique desgastarte físicamente el triple dado a la demanda de ancianos, y el poco personal asistencial para los cuidados. 

Cabe resaltar que ciertas instalaciones no manejan una distribución equilibrada. Es casi insensato que dentro de estos “hogares” exista una mezcla de adultos: dentro puedes hallar abuelos con demencia.  Otros con alzheimer. Y otros más en condiciones de salud deteriorada. La deshumanización se disfraza de empatía y equilibrio en redes sociales. ¿Pero realmente existe la empatía? No todos los días se cuenta con uno o más galenos dentro de estas instalaciones. Muchos tampoco están equipados con el debido insumo y equipo médico necesario. El único interés real: la demanda de dinero.

El quiebre de la estructura se manifiesta en pequeños detalles, como por ejemplo, la precariedad de descanso del cuidador; cuyo derecho es reducido a horas y/o pocos días. Esto es una paradoja que nos ofrece una mirada cruel; porque se exige paciencia infinita, mientras se les obliga a desgastar la fuerza física. El agotamiento del cuidador se convierte en un abandono rotundo.

Desde un punto de vista ético y profesional, el cuidador es visto como un filtro de conveniencia. Te preguntarás: ¿por qué? Porque el cuidador está obligado a facilitar información, pero limitado a la comunicación directa con el familiar del adulto mayor, evitando el vínculo humano.

Visto esto de una manera más cruda, lo podríamos llamar como ley mordaza y control. Al final la realidad se basa en asumir la responsabilidad de cuidar sin voz propia.

Hagamos un llamado a la conciencia. Fomentemos la comunicación abierta entre quienes cuidan, pagan y administran. No le niegues al cuidador la posibilidad de explicar al familiar como está su pariente. Además de que fortalecerán el buen trato (punto importante para todas las partes), contribuirán y animarán al cuidador a expresarse mejor cada día. Y como resultado, tendrás un personal que manejará la manera en que se comunica de forma clara y asertiva, por lo que fomentarán y fortalecerán aún más el trabajo en equipo.

Dejemos de invisibilizar el trabajo del cuidador. Cuidar es un acto de amor y de entrega. Cada cuerpo desteñido cuenta muchas historias. Cada ataque de ira es el reflejo de quien olvidó lo que un día fue. Cada ofensa es un acto de defensa a su dignidad, a su integridad. Sostengamos a ese abuelo, y abracemos a cada cuidador.

Me despido con esta frase:

“El orden solo triunfa en un marco de transparencia total”.

TJ KLUNE 


Sujenis Carolina Urbina Ñañez es una escritora y cronista venezolana cuya trayectoria vital entrelaza la vocación de servicio con la exploración de las sombras de la psique humana. Nacida en Caracas y radicada actualmente en la región de Barlovento, estado Miranda, su formación profesional en el área de la salud y su labor presente como cuidadora independiente de adultos mayores le han otorgado una perspectiva privilegiada y sensible sobre la vulnerabilidad y la condición humana.
​En el ámbito literario, Urbina Ñañez se ha especializado en el relato breve de horror psicológico, género donde disecciona las tensiones internas y los miedos latentes con una precisión quirúrgica. Su narrativa, que transita entre lo cotidiano y lo perturbador, ha obtenido reconocimiento en diversos certámenes literarios en línea, donde ha destacado como finalista con múltiples obras.
​Su escritura es un testimonio de la dualidad entre el cuidado físico y la libertad creativa, consolidándose como una voz emergente que encuentra en el suspenso y la brevedad el vehículo ideal para interpelar al lector.