CINCO CRÍTICOS LITERARIOS SOBRE LA NOVELA ABERRACIONES DE J. URE (REVISIÓN 2026)

​Una imagen de estética sombría y dramática en blanco y negro que muestra una estatua clásica texturizada en primer plano, situada frente a un fondo urbano oscuro y difuso. Una franja de papel envejecido con bordes rasgados cruza horizontalmente el centro, mostrando un título en tipografía negrita de color carmesí que dice: "CINCO CRITICOS LITERARIOS SOBRE LA NOVELA ABERRACIONES: DE J. URE (REVISIÓN 2026)". El conjunto evoca un estilo editorial de suspenso o crítica literaria profunda.

[LA NOVELA ABERRACIONES]

«No juzgo el talante cínico ni la crítica agria que el escritor pretende argüir como justificación a un texto cargado de amoralidad, excentricidades y tenebrismo»

Por Manuel Gahete Jurado


Avezado lector de las obras de los narradores hispanoamericanos, no me resulta extraño -aunque sí sorprendente- el ámbito de ficción hiperbólica que envuelve el texto Aberraciones del venezolano Alberto Jiménez Ure. Fue otro autor de ese país, Rómulo Gallegos, quien consiguiera entrar en el espacio internacional con su novela Doña Bárbara: abriendo un importante camino de luz a la narrativa hispanoamericana, que no pasaba de ser una llama lejana en el remoto ultramar. Desde entonces, libros y nombres universales confirman la realidad y la fantasía que una narrativa poderosa [plena de vitalidad y fuerza expresiva, portadora de una ancestral historia de leyendas y mitos] que -arrancando de las raíces de la tierra- se eleva y magnifica hasta el culmen de la entelequia y de la ficción.

La nueva novela, lo que vendría a llamarse «realismo mágico», cuyos antecedentes ya anuncian en la crítica de arte europea, deviene en Hispanoamérica asociada a la figura del novelista cubano Alejo Carpentier y los ensayos del venezolano Arturo Uslar Pietri. Existencia y símbolo, alegoría y tragedia configuran -como nociones paradójicamente entremezcladas- la trama narrativa de esta novela, perfectamente identificable en el contexto fértil de lo «real maravilloso» que la engendra y la cobija.

La ordenación inversa de la acción, que, como «Crónica de una Muerte Anunciada» -de Gabriel García Márquez-, presenta el inminente final en la introducción del argumento, evoluciona hasta el origen y parece componer una historia concéntrica que se va anudando en sí misma. Crea un cierto clima de tensión o misterio, muy del gusto borgiano, sazonado por un buen número de imágenes superpuestas cuya procacidad corta la respiración más en la línea de la sicalíptica colección «La Sonrisa Vertical» que de las intermitencias eróticas de Adolfo Bioy Casares: cuya elegancia irónica contrasta con el también irónico impudor de Jiménez Ure.

No juzgo el talante cínico ni la crítica agria que el escritor pretende argüir como justificación a un texto cargado de «amoralidad, excentricidades y tenebrismo». La oscura y lamentable biografía de Federico Flavios y sus adyacentes -inmersos en una borrascosa borrachera de hipocresía, fanatismo y sangre- permite al autor exponer sus categóricas ideas sobre la sociedad, la religión y Dios. La sórdida trama -de brutales crímenes, encabezadas por el incestuoso escritor- y un sentir pesaroso [marcado por la decepción más desoladora de la vida] nos sumergen en la misma atmósfera delirante y esperpéntica que sufren los protagonistas.

El sinsentido y la irrealidad de algunas afirmaciones actúa como contrapunto cómico a una historia iniciática de sadismo y muerte, producto de la frustración y el desorden moral de los actores, dopados por su terrible realidad, abocados inexorablemente al suicidio o la implacable crueldad de sus propios correligionarios.

Más de una docena de libros jalonan la trayectoria literaria del autor, cuyas narraciones han sido ya difundidas en importantes revistas norteamericanas y en varias de Latinoamérica. Títulos tan sugerentes como Acarigua, Escenario de Espectros (1976), Acertijos (1879), Inmaculado, Suicidios (1982), Lucífugo (1983), Facia (1984), Maleficio (1986), Abominables (1991) y ahora Aberraciones (II Edición, 1993), señalan como clarividencia el camino abierto de Alberto Jiménez Ure hacia la procelosa y gratificante aventura de escribir.

https://openlibrary.org/books/OL25619469M/Aberraciones_(II_Edici%C3%B3n)

https://escritores-latinoamericanos.fandom.com/es/wiki/APUNTES_SOBRE_ABERRACIONES_(NOVELA_DE_J._URE)


-II-

[SOBRE «ABERRACIONES»]

«Apasionado, desmedido, cruel, irónico, afilado y punzante, directo, sin eufemismos, sin sombras en su pensamiento, se reconoce impactado por las aberraciones de los hombres y las sociedades: de la Historia de Ayer y Hoy, y que le llevan a presagiar un oscuro porvenir al Mundo».

Por Gabriel Mantilla Chaparro


Cercano a los cuarenta años, Jiménez Ure mantiene una actitud permanentemente «subversiva» contra las manifestaciones que desvirtúan el Oficio de Escritor y sus connaturales preocupaciones. Afincado en la provincia venezolana, facturando una obra periodística y literaria que ha alcanzado un amplio espectro [labor que ha sido reconocida por propios y extraños]

Confiesa que, desde temprana edad, se sintió atraído por la escritura [lo que corrobora en su prolífica producción]. En sus libros hallamos referencias concretas –salvando la distancia «ficcional» de una «realidad» que le resulta inaceptable y entrampada en lo absurdo. Encuentra en ella el fruto podrido que le ha llevado a reflexiones maduras, las cuales traslada a la ficción, al artículo de opinión y a la poesía.

Apasionado, desmedido, cruel, irónico, afilado y punzante, directo, sin eufemismos, sin «sombras» en su pensamiento, se reconoce impactado por las aberraciones de los hombres y las sociedades: de la Historia de Ayer y Hoy, y que le llevan a presagiar un oscuro porvenir al mundo. Como Schopenhauer, Camus, Kierkegaard y Track. Se ve envuelto en un pesimismo sin tregua. Considera que lo que hoy el Hombre considera «progreso», «racionalidad», «futuro» y «felicidad», no es más que la íntima aceptación, terca y torpe, de un descarrilamiento espiritual y moral donde se ha victimado la Ética, el pensamiento y la vitalidad del Ser. Para el escritor, hemos perdido el «derecho a la sustancia» y nos hemos quedado asidos a la forma y materia [interpretación que hacemos de la manera aristotélica para acceder al pensamiento y la realización] 

Obsedido, siempre, por una profunda preocupación filosófica, literaria y estética, que descansa en una heterogénea plataforma compuesta por: Comte, Berkeley, Marías, Empédecles, Cappelletti, Platón, Aristóteles […].


JIMÉNEZ URE desentraña los vicios que han terminado en normas sociales y que buscan su disfraz conforme a los niveles sociales, políticos, literarios, culturales, académicos o marginales donde se asientan. Nos dice: «[…] No es tremendismo mío llevar a mis escritos, como se capta, por ejemplo, en Aberraciones (1) cosas que -extraídas de la realidad- inserté a mi ficción narrativa […] En esa novela, vemos que personajes y situaciones son, claramente, reflejos de ambientes y circunstancias muy específicas de su vida como hombre y creador, como ser movido por la imaginación: el submundo editorial, político y sus prácticas a veces abominables en el concierto (inarmónico) de la Sociedad. Agrega: «[…] Personajes que entre más nombradía tienen, pueden manifestar iguales o peores actitudes abominables que otros de menor cultura y ventajas económicas o sociales. Esto, más que una simple denuncia, es algo que, como escritor y humano, me conmueve, me subleva, y constituye, por desgracia, una situación que observo con frecuencia, una mala experiencia en la vida […]» (2)

Una «mala experiencia» que le toca íntimamente, pues Alberto JIMÉNEZ URE es un hombre sensible. Quien lo conozca personalmente no logrará «encuadrar» al escritor con el hombre. El primero es maduro, punzante (como ya dijimos) y el otro, en cambio, mesurado, amable, sencillo, algo tímido: aunque no pierde su locuacidad, su criterio ni su decisión. Para R. J. Lovera de Sola «[…] Alberto Jiménez Ure es un escritor siempre afincado sobre la página en blanco, quien, contra viento y marea, a veces contando con la oposición, envidia o el veneno de quienes no respetan su fidelidad a su vocación, se ha ido imponiendo con su obra –lo único que tiene el creador- como uno de los más coherentes hombres de letras de su generación. Tiene ya un puesto en nuestra Literatura, y su voz hay que saber oír […]» (3)

En la novela Aberraciones se describen las patologías sociales [de la «República de Pathos»] como el «incesto», la «violación», «sodomía», la relación conyugal «viciada», «drogadicción» y los «delitos de omisión». Todo lo «animal» del Ser: lo «escatológico», lo «neurótico», lo «irracional», lo «esquizoide» de una sociedad «aberrante», enquistada en una permanente duda, en su inconsciencia y en la destrucción de los valores que deberían constituir su verdadero fin, es lo que vemos en el «pensamiento acusador», «contracorriente» de Jiménez Ure. De allí su convicción según la cual el Hombre es «abraxiano» (Dios-Demonio) y vive en constante pugna consigo mismo: cuya parte más insana, destructiva y maligna ha terminado imponiéndosele.

Para Hernando Track [un olvidado más] la clave de la existencia no consiste en «ser feliz», sino en «ser consciente». Sócrates, «El Viejo», optaba por el conocimiento de la Virtud, de la Justicia, del Valor, para llegar a la felicidad. Aristóteles indagaba sobre ella auscultando en los objetivos y los métodos del filósofo, el político y el voluptuoso. Para él, al filósofo le complace en el empleo de sus horas a una inteligente, intensa y prudente indagación de la verdad. El voluptuoso (¡oiga y lea bien!) «[…] ejecutando actos nobles […]». Sin embargo, no deja de advertir que la gruesa parte de ellos no llevan dignamente ese calificativo por cuanto no son, en realidad, políticos. Y, como dice el poeta Orlando Flores Menessini: «[…] Nos interesa cada vez más la Política porque los políticos nos interesan cada vez menos […]»

Alberto Jiménez Ure busca la Felicidad en un mundo que agrede desmedidamente a los seres conscientes y honrados, pero logra hacerlo mediante una inextinguible lealtad a sus propias convicciones y junto con algunas de sus amistades. Y, al derecho (o al deber) que tiene de insertar en su obra (literaria o periodística) todo lo que le conmueve y determina su forma de pensamiento. Con ello no se traza el «norte de comulgar» con las «mafias literarias» o «políticas», pero si de «rebelarse» y «revelarse» contra lo que considera errado, contra lo que cree inauténtico. Juan Liscano pesó muy bien los elementos que dan forma a la obra de Jiménez Ure: […] Los ingredientes de su narración son lo fantasmal, el crimen, la sexualidad, el sadismo», lo monstruoso, lo aberrante, lo deforme, sin resquicio alguno de sublimación por el espíritu, obsesiva y creadora voluntad de creación […]» (4)

Se le ha calificado de «Yoísta» o «Narciso Literario» por parte de quienes se le oponen, precisamente, porque sus reflexiones causan escozor en quienes ideológicamente están ubicados al margen de sus convicciones: de su territorialidad conceptual. Pero, lo más extraño es que quienes viven de confesarse «derechistas» no se sienten con fuerzas para volver por él (tampoco lo necesita). Es obvio que esto ocurra en este rompecabezas de acomodos e intereses desviados y de espejismo político-cultural: cada bando tiene su cuota de chantaje y ambos se necesitan.

Debo aclarar que no comparto parte de sus premisas «ideológicas» y hasta, públicamente, nos hemos enfrentado. Pero, ello no es óbice para esconder la amistad con el renegado o escatimar el respeto que se merece por su coherencia: principios y su valentía al exponerlos. Sobre la acusación de «Yoísmo» declara: «[…] Yoísta, ¿yo? –dice con sorna-. Si lo fuera me hubiese silenciado e integrado a los grupos de poder para obtener ventajas. Viviría más preocupado por mí mismo que por mi obra literaria. Tengo mis opiniones, mis ideas, y las manifiesto, a través de mis escritos, en cualquier género. Si por ello la Sociedad Cultural me considera un renegado, o su enemigo, no es mi culpa. Hasta amenazas telefónicas he recibido (se sabe) porque creo que en una sociedad como ésta hay que retar y apostar a la civilidad. Borges daba a conocer su número telefónico porque creía que la gente debía aprender actuar […]»

Jiménez Ure profesa un profundo respeto hacia sí mismo, a su libertad personal. No aspira alcanzar el rango de «polemista enfermizo» que se le pretende endilgar. Lo desespera no ver salida alguna a las situaciones absurdas que padecemos; le desespera ver a los escritores amordazados ante la realidad, lo que contradice la verdadera línea de acción de un creador; le molesta la activación mafiosa de «promociones literarias» que han hecho mímesis de los pecados capitales de las agrupaciones políticas; le desespera la disolución de la Ética en ciertas personas que respetó. En fin, emerge contra una casta y su gama de actitudes que han convertido el pensamiento, el futuro, y «[…] la Literatura en un asunto de funcionarios […]», en un consorcio de redactores, asesores editoriales con una lista negra en la manga, jueces de concursos, premios y publicaciones, becas, bolsas de trabajo, et. Ese es un gran conflicto, aunado al derrumbe moral generalizado. Según él, somos una «[…] comarca cultural […]» (5) con un buen número de escritores inteligentes y abundantes lectores incultos que reconocen a Salvador Garmendia –para citar un caso- más por su trabajo de «libretoratura» (adaptaciones televisivas) que por su obra literaria.

Jiménez Ure conoce sus caminos: los perceptibles, los íntimos y es consciente de lo abominable del Hombre en la Sociedad. Pero, no cesa en la búsqueda de un sentido. Cortázar decía: «[…] No puede ser que estemos aquí para no poder ser […]. De allí la inmersión definitiva de J. Ure en la Filosofía, una de sus obsesiones. Esto, quizá, no responda a la pregunta que Juan Liscano se hacía sobre el escritor: «[…] ¿Por qué Jiménez Ure rechaza cualquier vía de sublimación? Se entiende la mofa, la sátira, la ironía, la blasfemia, demolición de mitos, la iconoclasia, el develamiento, la fascinación por el horror, pero, ¿con qué objetivo meta-literario? […]» (6)

Liscano lo ubica, honorablemente (junto a Salvador Garmendia, José Balza y Arturo Uslar Pietri) entre las cuatro tendencias narrativas que él distingue como más sobresalientes en la actualidad. Las cuales son ampliadas a seis por Jiménez Ure, quien agrega a Eduardo Liendo y Gabriel Jiménez Emán. Respeto a ellos, opina: «[…] Jiménez Emán se ha forjado una narrativa propia, con características o rasgos que representan una corriente bien definida en el ámbito literario. Gabriel es original. Tanto Liendo como él buscan imponer sus personalísimas ficciones, sin las influencias de escritores universalmente conocidos. En Eduardo se entrevé una fusión de estilos de personajes clásicos de la Literatura. Ambos trabajan en tendencias muy válidas y que no sé por cual causa Liscano desatendió […]» 

He aquí la semblanza de un hombre que respeta la constancia y maduración de sus colegas intelectuales, y lo hace sin mezquindad ni estrabismo. El David de la provincia venezolana en constante pugna con el Goliat del Poder Político Cultural.


NOTAS

(1) JIMÉNEZ URE, Alberto: Aberraciones [Editorial Venezolana, 1987, 121 pp. Hay una II Edición por la Universidad de Los Andes, 1993]

(2) Entrevista realizada en su residencia, el 26 de Julio de 1991.

(3) DE SOLA, R. J.: Las fantasías de un ácrata (Diario El Nacional, Caracas, Venezuela, Diciembre 07 de 1987.

(4) LISCANO, Juan: Aberraciones de Jiménez Ure (Diario El Nacional, Caracas, Venezuela, Enero 31 de 1987)

(5) JIMÉNEZ, Maritza: Venezuela es una comarca intelectual (Entrevista realizada a Jiménez Ure para El Universal, Caracas, Venezuela, Agosto 02 de 1986)

(6) LISCANO, Juan (Art. ya citado)



-III-

[ACERCAMIENTO A LA NOVELA «ABERRACIONES»]

«El libro Aberraciones ya estaba escrito cuando Satanás se rebeló ante Dios, cuando Caín mató Abel, cuando los hijos de Adán y Eva se aparearon consumando el incesto y desparramaron la Humanidad»

Por Moisés Cárdenas


Nuestra naturaleza nos hace «moralistas e hipócritas en la sociedad», ante tabúes o temas tribales, y en la literatura ocurre lo mismo. En diversas épocas se han escrito obras que han sido objeto de polémicas hasta el extremo de criticar de forma severa a sus escritores. Hago este comentario porque la literatura desarrollada por el intelectual Alberto Jiménez Ure es de potente intuición descarnada que habita en el alma de este ser. Muchos han dicho que su narrativa es visceral y repugnante. Pregunto: ¿es por él o por no leer lo desalmado que somos como seres humanos? Sé que cada quien tiene sus gustos en materia de lectura, ya que cada lector busca para sí mismo el goce y disfrute de la palabra.

Como profesor, poeta, escritor y lector, considero que la literatura de Jiménez Ure es fantástica y magnifica por los mundos que crea. Estoy convencido que está hecha para personas que sean librepensadoras, sin prejuicios religiosos, culturales, sociales ni conservadurismos. Porque leerla es encontrar palabras crudas, aberrantes, explosivas, fuertes, monstruosas. Cuando leemos sus libros percibimos el aliento de un ser terrorífico sobre las páginas: hay que estar prestos a empaparse de la saliva de una bestia. Antes de comentar sobre la novela Aberraciones, quiero expresar que mi primer contacto con la literatura de Alberto Jiménez Ure fue cuando yo dirigía junto con unos compañeros el grupo Ularte en la Universidad de los Andes – Núcleo Táchira. En una tarde de niebla de esas que arropan la ciudad de San Cristóbal, un amigo de nombre Leonardo Bustamante, a quien le tengo mucho afecto por su conocimientos literarios, leyó unos poemas de Alberto de su libro Luxfero; textos que me llamaron mucho la atención y me indujeron a buscar sus obras. Tras preguntar sobre su literatura, llegué a encontrar una antología de cuentos eróticos donde incluía un cuento de Ure titulado El triángulo, cuyo relato me atrapo y movió mis sentidos. 

En la universidad traigo a la memoria un amante de la literatura como lo es Erick Martínez quien invitó a que leyéramos a Alberto Jiménez Ure. En la biblioteca pública de la ciudad de San Cristóbal hallé uno de sus libros. Lo presté, lo leí. Aunque tuve que devolverlo, en mi mente quedaron grabados sus relatos. En mis años universitarios leí varios autores venezolanos como Armando Rojas Guardia, Ramón Palomares, Eugenio Montejo, Denzil Romero, José Antonio Ramos Sucre, Julio Garmendia y escritores de mi tierra del Táchira como a Manuel Felipe Rugeles. Grandes poetas como Antonio Mora, Pablo Mora, Manuel Rojas, Segundo Medina y José Oropeza, entre otros cultores de la palabra quienes cultivaron en mi la pasión por las letras. Además, las conversaciones literarias con José Antonio Pulido Zambrano y Eudes Alexander Moncada. La lectura de sus poemas dieron encomio en mi alma. La literatura que fue llegando a mi espíritu me ayudó a comprender la «escritura venezolana»

Pero todavía seguía en mi memoria leer más a Jiménez Ure, pues consideraba que su obra tiene algo especial, que abordaría su «universo literario».

Las ansias de toparme con él me llevaron, por casualidades de la vida, al excelente poeta Rodolfo Quintero Noguera: a quien lo conocí una tarde en el Ateneo del Táchira. Recuerdo que estimuló a varios de mis compañeros del grupo de extensión Ularte a que nos acercáramos a la literatura de Ure. Pasó el tiempo y llegó el momento que, por fin, me encontré con muchos más textos de Jiménez Ure y fue gracias al Internet. Basta con colocar su nombre en el buscador y toparse con sus obras. Gracias a la tecnología podemos leer cuentos, pensamientos, poemas y novelas suyas. He leído obras como Dictadura de Ultimomundano, Absurdos (Antología máxima personal de sus cuentos) Aberraciones y Jiménez Ure a Contracorriente (de Juan LISCANO)

En las líneas anteriores, he querido contar como me topé con Jiménez Ure para desarrollar, a partir de este momento, unas modestas «notas» sobre su novela Aberraciones: un acercamiento a su narrativa.

En primer lugar: estamos ante un genio del cuento fantástico venezolano, ya que posee la energía cósmica para armar personajes, crear argumentos, envolver mundos, escribir sin prejuicios; en Alberto yace la sangre del maestro vidente literario. Bien tenía razón el intelectual Juan Liscano al comentar sobre las invenciones de Jiménez Ure: «[…] En su obra hay videncia; hay intuiciones espirituales trascendentes; hay erotismo sádico-masoquista, me atrevería a decir; casi redentor, por lo purgativo; hay ciencia-ficción […]»

Aunque no pretendo presentar una inexpugnable crítica literaria sobre su obra, quiero expresar que es (sin duda) trascendental: porque explorarla es implicarse con las incisivas reflexiones filosóficas que contiene. En Aberraciones discierne sus preocupaciones sociales: desuella al mundo como lo conocemos. También se puede observar que juega con el lenguaje. Sus obras están dirigidas a lectores no prejuiciados e inteligentes, que hay pocos porque a la mayoría gusta la literatura fácil. 

A causa de su lenguaje, la forma cómo describe a sus personajes, en Venezuela pocos lectores entienden a plenitud los contenidos de las obras de Jiménez Ure. Su literatura no es comercial, pero tampoco inaccesible aun cuando tiene profundidad cósmica. Seres ávidos en lo espiritual movidos por la luz sideral pueden asimilar sus argumentos. La afamada escritora y psicóloga venezolana expresó sobre la novela lo siguiente: «[…] A través de la palabra, que se convierte en exorcismo, Jiménez Ure saca los demonios: es una suerte de mea culpa humana. El Yo reprimido estalla, sale a la luz; por eso debió dolerle mucho descubrir a los demás ese mundo tenebroso. Tuvo que ser un proceso doloroso, intenso, quebrantador de reglas (noche obscura del alma) […]»

Aberraciones, como bien lo expresa el título, es engaño, blasfemia, horror, caos, desenfreno, oscuridad, cinismo, violaciones. ¿Acaso el mundo no está plagado de estas situaciones? En el planeta Tierra se practica las cosas más horrendas y macabras. Porque el hombre es destructivo, aberrante. Basta con leer la Historia de la Humanidad para darnos cuenta de los seres malvados que ha engendrado la Humanidad, indiscutiblemente numerosos.

Jiménez Ure recrea La Logia Aviesa del Mundo. 

Para crear el Universo se requiere de una reunión, una junta, un plan mediante mentes planificadoras. Satiriza creencias religiosas, como esa según la cual María no había pensado tener a Jesús sino que fue embarazada por la voluntad de un Ser Supremo que le habría dicho que tendría un hijo. Ella fue impelida a concebir.

Otros nacen producto de la violación y procrean criaturas con desprecio que desarrollarán ira, malicia, maldad. Algunos cometerán actos deplorables que repiten la forma cómo llegaron a existir diseminando víctimas. Nuestro comienzo es de manera simbólica producto de las «ideas de una logia». En secreto planeó nuestra aparición y desvanecimiento.

En Aberraciones hablan los personajes, caminan, respiran y experimentan con intensidad el mundo. 

El personaje principal, Federico Flavios, tiene relaciones incestuosas con su hija Priscila. Percibo en él al caudillo que gobierna. Priscila simboliza el país manoseado, penetrado y, al mismo tiempo, excitado por las manos del gobernante. Ninoska es la madre de Priscila y esposa de Federico Flavios; ella es el Estado que le permite al gobernante ejercer la autoridad de Padre. Rosana representa el individuo que está al servicio del gobierno y hace lo que se le pide. Bobo, que así se llama el perro de Priscila, es el pueblo que obedece los dictados de su gobernante: es acariciado, abusado, abofeteado cuando no se necesita (el mandatario es zoófilo)

Los otros personajes que se mencionan en la novela también son los ejecutores del plan e irrefutablemente están detrás de la mente creadora. Lo que afirmo forma parte de mis sensaciones personales respecto a los mensajes subliminales (lo oculto) en Aberraciones. Pero, si alguien se sorprendiera por mi análisis, yo le preguntaría: ¿no es verdad que en cualquier lugar surgen engendros malignos? Por lo tanto, esta novela de es una obra que descarna el nacimiento de nuestra especie.

El mundo fantástico que él describe es un espejo que refleja nuestras conductas aborrecibles en complicidad «con el otro, la otra» o a través del ultraje. El advenimiento de la especie fue posible mediante el «Mal» que es, paradójicamente, el «Bien». Porque se necesitan dos fuerzas opuestas para engendrar, nacer, cohabitar y hasta morir. Alberto Jiménez Ure es intuitivo y pensador, decodifica lo que observa en su entorno para plasmarlo en sus obras. Nos transfiere su conocimiento de lo «oculto abominable». El libro Aberraciones ya estaba escrito cuando Satanás se rebeló ante Dios, cuando Caín mató Abel, cuando los hijos de Adán y Eva se aparearon consumando el incesto y desparramaron la Humanidad. Aberraciones siempre ha existido. El horror ya estaba consumado Literatura.


«[…] ¡Cálmate- le susurraba el bastardo al oído-. Es menester que engendres a Hs, mi hijo, a quien legaré conocimientos! […]»


-IV-

[SUSTRACCIÓN A LO FANTÁSTICO EN ALBERTO JIMÉNEZ URE]

«Para escribir se debe ser libre, y yo, siempre lo he sido. De allí mi admiración por Alberto Jiménez Ure, el único hacedor que escribe con una libertad envidiable, aunque, filosóficamente, no comparta sus ideales»

Por Leonardo Pereira Meléndez

(https://ejerciciosescriturales.home.blog/wp-content/uploads/2021/02/aberraciones-critica-de-pereira-melendez.pdf)

-I-

Hay dos escritores que han influido terriblemente en mi pensamiento literario: Ludovico Silva y Alberto Jiménez Ure. Por la simple lectura de algunos libros de Ure puedo colegir que sus ideas eran adversas, totalmente contrarias (¿?) alas del filósofo y poeta Ludovico Silva. Aunque no soy un verdadero crítico literario, más bien, para decirlo con palabras de ese gran monstruo de la crítica que fue Ronald Barthes, sólo soy un amateur de la literatura, un mero aficionado. Tan sólo eso. Porque a decir verdad el verdadero crítico, decía por cierto Juan Carlos Santaella, es, ante todo, «[…] un lector susceptible de estremecerse y asombrarse ante aquello que pasa en silencio por sus ojos y su imaginación. Lector primero, crítico después» […], porque de esa manera sabrá valorar lo existencial de los sobrenatural (subrayado mío). El escritor tiene que tener libertad para escribir. Para dejar volar su imaginación cual mariposa soñada. Escribirlos que siente. Apartarse de lo mundano. De no ser así será siempre un esclavo.

-II-

Quizá el libro que mejor ilustra el complejo pensamiento anti-poético de Alberto Jiménez Ure (Tía Juana, Estado Zulia, 1952) es el que lleva por título Aberraciones (1987), el cual se ha convertido en un tratado sobre la psiquiatría. Por supuesto, esta sentencia no agota de por sí el estudio moralizante reflejado en su obra. Si un ignorante leyera los cuentos de Jiménez Ure, lo tildaría de pornógrafo. Filósofo extraño, derechista, influido tal vez por las lecturas de Borges, Gracián, Rangel (Carlos), Camus, Boris Vian, Shopenhauer, para solo nombrar algunos de los escritores preferidos por Alberto Jiménez Ure.

-III-

Me incluyo entre el reducidísimo grupo de personas que mantiene una actitud diferente frente a la vida. Jiménez Ure afirma que «[…] un país se descompone cuando su destino depende delos ignorantes y los imbéciles con poder

[…]» refiriéndose a su novela Aberraciones donde desnuda la realidad patética de nuestro país, el cual está (¿Siempre lo ha estado?) sumergido en la desidia gubernamental por culpa no solamente de los corruptos, los ladrones de cuello blanco, sino también (hay que decirlo, duélale a quien le duela) por los encubridores, que en este caso somos todos nosotros. Para muestra un botón: todo el mundo despotrica del ex mandatario Carlos Andrés Pérez, pero nos olvidamos que fuimos nosotros quienes lo elegimos como Presidente de la República, nada menos que en dos oportunidades. ¿Esquizofrenia? Dificulta dar una respuesta.

-IV-

Para escribir se debe ser libre, y yo, siempre lo he sido. De allí mi admiración por Alberto Jiménez Ure, el único hacedor que escribe con una libertad envidiable, aunque, filosóficamente, no comparta sus ideales.


-V-

[SOBRE ABERRACIONES]

«Otro aspecto que observo en el libro es la relación sadomasoquista en los personajes: ¿cómo pueden coincidir el dolor y el placer? Pues bien: el sadismo puede ser considerado como una expresión del aspecto destructivo de la sombra, del asesino que se esconde dentro de cada uno»

Por Marisol Marrero

(https://www.elnacional.com/2024/03/marrero-evoco-los-buitres-de-sabanas/)


Leyendo el libro Aberraciones (Universidad de Los Andes, Consejo de Publicaciones, 1993) de Alberto Jiménez Ure, se me vienen a la mente una serie de observaciones que me gustaría compartir con los lectores.

Dice Lovera De Sola -en la contraportada del libro- que allí todo es al revés. No estoy de acuerdo con esto, pues, la obscuridad, la sombra, no es el revés del hombre, sino todo lo contrario: es parte de sí, lo impregna, lo adormece, lo arropa, es su propio «Yo», su revés y su envés.

La novela nos habla de la sombra, pues, todo lo que posee substancia posee también una sombra. El ego se yergue ante la sombra como la luz ante la obscuridad. Por más que no queramos, somos imperfectos; hay aspectos inaceptables en nosotros mismos, y son estos aspectos los que se tratan en la obra. Incesto, masturbación, lujuria, lascivia, parricidio, violación y muerte son los contornos de la novela.

Solo incorporando la «Sombra» al «Yo» podemos acceder a nuestra propia humanidad. Esto es, a mi parecer, lo que intenta hacer Jiménez Ure: incorporar o aceptar la sombra como parte del hombre, como parte de sí, porque -seguramente- le ha molestado por largo tiempo.

El libro -todo- es un encuentro con su aspecto más obscuro, pero suyo al fin. A través de la palabra, que se convierte en exorcismo, saca los demonios: es una suerte de «mea culpa» humana. El «Yo» reprimido estalla, sale a la luz; por eso debió dolerle mucho descubrir a los demás ese mundo tenebroso. Tuvo que ser un proceso doloroso, intenso, quebrantador de reglas (noche obscura del alma).

Para nosotros, los escritores, la sombra es el otro: nada es ficción, la palabra es el hombre, consustancial con él. Ya lo decía la Biblia: «Y el verbo se hizo carne»; hombre, que equivale a decir Dios y Demonio, principio de todo, causa primigenia.

Si ponemos atención en lo que se narra, si observamos profundamente, podemos aprender muchas cosas sobre la sombra del autor y sus contenidos psíquicos. Cuando la sombra aparece en el texto, reaccionamos ante ella con miedo: desagrado o desquicio. Queremos huir de lo obscuro, cerrar el libro, lanzarlo al piso; no queremos saber, huimos de la tenebra, la cortamos porque experimentamos o sentimos que nos persigue.

La tradición cristiana original reconocía que el Mal se halla dentro de cada uno de nosotros, pero, el Nuevo Testamento sostiene que si un individuo cede ante el Mal su alma empieza un proceso psicológico negativo que termina conduciéndolo a la destrucción y la degradación. Por eso el cristianismo ha perdido el contacto con la sombra, y no es de extrañar que -por ese proceso psicológico- el autor de Aberraciones se haya sentido excluido, rechazado, apedreado, porque saca a la luz lo peligroso, lo malo, lo diabólico que tenemos nosotros, esa extraña bestia que todos llevamos en nuestro interior y que, para salvarnos, proyectamos como Diablo, Lucifer o Ángel de Luz.

Ángel Caído, qué extraña contradicción. Si observo la foto del autor en la contraportada del libro, me parece un ángel bueno, temeroso del Mal, luminoso, nada del diablo aquel que «tenía un enorme diamante por cerebro». ¡Brillante!

En la santería criolla, la maldad la personifica Elegguá, el más poderoso después de Obalatá. Este Satán o Lucifer tiene veintiún aspectos malos; creo que Jiménez Ure los desarrolla todos en su novela, incluso hasta la magia negra o la brujería de los congos (Palo de monte o mayombé) a través del perro-niño huérfano. No sé si es consciente o inconscientemente.

Elegguá es lo peligroso, lo destructivo, sanguinario y astuto. Creció solo, y se hizo amigo del Dios de la Guerra, Oggún, pero, también este aspecto obscuro -este diablo- fue el primer vidente que enseñó a Orunlá la adivinación. Este personaje equivale al mago, al vidente de ojos de espejo de la novela, pues, sus poderes son diabólicos, pero tienen que ver con la salvación de la especie, con el acto primigenio (escena primordial) que, según los psicólogos, si es vista por los niños, debido a la promiscuidad, puede ser causante de deseos incestuosos, estimulando el Edipo. No sé por qué pienso que parte del drama interno que sufre el autor podría estar ahí, justamente.

El escritor loco, desquiciado (Federico Flavios) y sus demás compinches, todos exitosos hombres de la Cultura, con todas las aberraciones posibles, son hijos de madres alcohólicas, promiscuas, lujuriosas, insaciables en el sexo, serpientes; son mujeres que profesan el culto al falo, pero ahí está el problema: ese culto se relaciona con Dionisos. El deseo místico de estar «lleno de Dios» tiene su origen en el éxtasis de Eros. Volvemos a lo mismo: Dios hombre y demonio, bueno y malo, terror y bondad (recordemos a Job)

Otro aspecto que observo en el libro es la relación sadomasoquista en los personajes: ¿cómo pueden coincidir el dolor y el placer? Pues bien: el sadismo puede ser considerado como una expresión del aspecto destructivo de la sombra, del asesino que se esconde dentro de cada uno. Se trata de un rasgo específicamente humano que parece disfrutar con la destrucción. Existen seres que gozan con el asesinato y la tortura (Flavios y sus amigos) y este fenómeno está relacionado con la autodestrucción. No resulta -pues- sorprendente que el sadismo y el masoquismo sean fenómenos estrechamente relacionados y suelan aparecer juntos. El asesino autodestructivo se halla en el mismo centro de la sombra arquetípica, es el centro de la irreductible destructividad de los seres humanos (guerra, destrucción de la naturaleza, del ecosistema, del mundo en general).

¿Qué pasa cuando el ego se convierte en la sombra? Se pierden los amigos, la familia, el trabajo, las relaciones, hasta se pierde el piso, por eso hay que equilibrar muy bien el juego de luces y obscuridades, pues es peligroso sacar la «sombra» y no saber dominarla, no saber adaptarla o controlarla. Por lo menos a nivel psicológico es peligroso, no sé a nivel de la escritura, no lo he intentado; confieso que he tenido miedo.

¿Qué ha acarreado este libro a Jiménez Ure? ¿Está solo o ha sido un éxito y le aplauden? -No sé, no lo conozco; simplemente, mi intuición me dice que algo no anda bien. Se metió con arquetipos muy peligrosos, aún no sabemos mucho de ellos, por lo menos como manejarlos, como domeñarlos, como hacerlos propios, aceptándolos sin que nos dañen.

Para finalizar, recuerdo que el cuerpo todo se ilumina con la sombra. Lucifer era Ángel de Luz. Afincarse en un solo aspecto es seguir con el mismo problema; la bondad sin la maldad no existe, es incompleta y -por lo tanto- artificial. El poeta Robert BLY, recordando la antigua tradición gnóstica, afirma que «nosotros no inventamos las cosas, sino que simplemente las recordamos».

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Revista Kaos Review - Alberto Jiménez Ure

📚 Escorias, aberraciones, desahuciados, decapitados y alucinados – Alberto Jiménez Ure