La literatura no es un refugio; es una grieta. Tras el cierre de una etapa y el nacimiento de Kaos Review, nos detenemos a observar el rastro de aquellos que han hecho de la escritura un territorio de hostilidad y revelación. No buscamos la complacencia del canon, sino la vibración de lo que Mark Fisher llamó lo eerie: aquello que debería estar y no está, o lo que está y no debería.
Desde las cumbres de Bolivia hasta la frialdad quirúrgica de Japón, estos cinco autores trazan el mapa de nuestra nueva búsqueda editorial.
Jaime Sáenz: El Vigilante de la Noche y la Mística del Subsuelo
En la obra del boliviano Jaime Sáenz, la ciudad de La Paz no es un escenario, es un organismo vivo, telúrico y decadente que respira a través de sus mercados y sus sombras. Sáenz es el cronista de lo invisible, el autor que nos enseñó que para ver la luz hay que haber habitado, con rigor y desesperación, el sótano de la existencia.
Su prosa es una inmersión en la "mística" y el mundo de los aparapitas, seres marginales que cargan con el peso de la ciudad a sus espaldas. En obras como Felipe Delgado, Sáenz construye una catedral de sombras donde la muerte no es un final, sino una compañera de habitación. Su visión resuena con nuestra búsqueda de una estética oscura que no teme mirar al fondo del precipicio.
En las profundidades del mundo existen espacios muy grandes -Un vacío precedido por el propio vacío, que es causa y origen del terror primordial, del pensamiento y del eco. Existen honduras inimaginables, concavidades ante cuya fascinación, ante cuyo estancamiento seguramente uno quedaría muerto. Ruidos que seguramente uno desearía escuchar, formas y visiones que seguramente uno desearía conocer, quién sabe con qué secreto deseo, de llegar a saber quién sabe qué”.
Alberto Jiménez Ure: La Desmesura como Método de Disección
No se puede hablar de la identidad de este espacio sin volver la vista a la obra de Jiménez Ure. Su narrativa constituye un "territorio de lo extremo" donde la palabra se vuelve punzante y la lógica convencional se fractura para dar paso a lo atroz.
Como ya hemos analizado en nuestras crónicas sobre su vida y escritura, Ure no redacta ficciones decorativas; él proyecta realidades disgenesias que obligan al lector a cuestionar su propia cordura. Su estilo es una bofetada a la literatura complaciente, un ejercicio de honestidad brutal que disecciona la psicología del individuo frente a la decadencia social. Es, sin duda, la columna vertebral de nuestra nueva etapa: lo crudo frente a lo ornamental.
Aquí está La Naturaleza,
Aquí las criaturas que la infectamos:
Los desesperados por sobrevivir desconociéndonos.
Aquí están los volcanes que expelen lava hirviente,
Aquí la descomposición de la luz y los olvidados.
Yacen quienes ya no infieren entre sus iguales,
Los enviados a la quiescencia, los adeptos de La Sabiduría:
Ceremoniosa siempre, que a la Eternidad falsifica.
* La Vindicación del Caos (fragmento)
Para trazar el hilo conductor de este pensamiento a través del tiempo, ponemos a su disposición dos encuentros fundamentales: un diálogo inicial gestado en Herederos del Kaos allá por el 2009, y una conversación reciente, ya bajo el sello de Kaos Review en este 2026: "Su vida y su escritura como territorio de lo extremo" , que actualiza la vigencia de su palabra.
Mónica Ojeda: El Nuevo Gótico del Cuerpo y el Trauma Andino
La ecuatoriana Mónica Ojeda representa la vanguardia de la transgresión contemporánea. Con una prosa que duele y fascina a partes iguales, Ojeda explora el horror que emana de los vínculos familiares, el deseo y la geografía del miedo.
En sus manos, el llamado "Gótico Andino" se transforma en una disección de la violencia que habita en lo cotidiano.
Sus ojos tenían que ser eso ahora: luz de sol en una columna rota —la columna rota era, por supuesto, el lugar de su secuestro; un espacio desconocido y arácnido que parecía el reverso de su casa—. Había abierto los ojos por error, sin pensar en lo difícil que sería alumbrar aquel rectángulo sombrío y a la secuestradora que lo limpiaba como una ama de casa cualquiera. Quiso no tener que preguntarse por asuntos inútiles, pero ya estaba afuera de sí misma, en la maraña de lo ajeno, obligada a enfrentar lo que no podía resolver.
* Jawbone, una traducción de la novela Mandíbula (Candaya, 2018) de Mónica Ojeda, es el más reciente proyecto de la traductora Sarah Booker
Obras como Mandíbula o Nefando no solo desafían los tabúes, sino que exploran la relación entre el lenguaje y el dolor. Para Kaos Review, Ojeda es el referente de cómo la belleza estética puede convivir con lo perturbador, recordándonos que el monstruo más aterrador no habita en el folclore, sino en el cuerpo que tenemos al lado. Mónica Ojeda: She was selected as one of Granta‘s Best of Young Spanish-language novelists.
Sayaka Murata: La Anatomía de la Alienación y el Orden Absurdo
Desde Japón, Sayaka Murata nos entrega una visión gélida y a la vez fascinante de la normalidad. Sus personajes, a menudo despojados de las convenciones sociales básicas, nos enfrentan a la incomodidad de lo que significa ser "humano" en un sistema que solo valora la productividad y la uniformidad.
El mundo normal no admite excepciones y siempre elimina silenciosamente lo que no encaja. Cualquiera que no sea perfecto es descartado.
Por eso necesito curarme. Si no me curo, la gente normal me exterminará. Finalmente comprendí por qué mi familia se había esforzado tanto por arreglarme.
Sayaka Murata, mujer de una tienda de conveniencia..
En La dependienta o Ceremonia de vida, Murata explora la dislocación de la identidad con una precisión de cirujano. Su inclusión en esta lista es vital para nuestra audiencia global, especialmente en Asia, donde la presión por el encaje social genera estas fisuras psicológicas que tanto nos interesa documentar. Murata nos muestra que la verdadera locura suele ser aquello que el mundo llama "sentido común". SAYAKA MURATA: Text by Susie Mesure. P
ortraits by Fumiko Imano. S
tyling by Reina Ogawa Clarke.
Mark Fisher: Paisajes después del Futuro y Realismo Capitalista
Terminamos esta cartografía con el pensador británico Mark Fisher, fallecido en 2017. Su análisis sobre el "Realismo Capitalista" y lo weird nos entrega las herramientas teóricas para entender el colapso estético y anímico de nuestro tiempo. Fisher fue capaz de nombrar el vacío que define la era posapocalíptica en la que ya vivimos: esa sensación de que el futuro ha sido cancelado.
He sufrido intermitentemente de depresión desde que era un adolescente. Algunos de estos episodios fueron sumamente agotadores y acabaron en autolesiones, periodos de abstinencia* (en los que podía pasar meses en mi propia habitación, solo aventurándome a salir para cobrar el seguro de desempleo o comprar las mínimas cantidades de comida que consumía) y estancias en clínicas psiquiátricas.
Mark Fisher es un icono del pensamiento crítico. Su legado es la base sobre la cual construimos esta nueva mirada: una resistencia cultural que utiliza la extrañeza como arma contra la monotonía del sistema. Fisher nos invita a habitar lo inquietante para poder, quizás, imaginar algo distinto. K-punk/Mark Fisher - Reddit.
El Caos como Permanencia
Escribir desde aquí es un acto de resistencia psicológica. Valencia es nuestro laboratorio de disgenesia social y, a la vez, nuestra musa de hormigón. En este espacio, la palabra y la imagen se funden para documentar el desplome, encontrando la belleza en la estructura que resiste y la verdad en el margen que nadie quiere mirar.
Si vienes de Herederos del Kaos, ya conoces esta obsesión. Aquí, en Kaos Review, la ciudad y el pensamiento dejan de ser un fondo para convertirse en el protagonista de nuestro propio apocalipsis cotidiano.
Valencia no tiene la escala mitológica de Nueva York, ni la ingeniería simbólica de San Francisco, ni la nostalgia estetizada de Barcelona. Lo que tiene es algo peor: una intemperie moral constante, un desgaste silencioso que no estalla, sino que se filtra al ignorarte. Aquí la ruina no es espectáculo, es rutina; no hay épica en el derrumbe, sino una persistencia opaca, casi burocrática, de la demolición. Y es precisamente en esa normalización del colapso donde encontramos nuestro material más fértil: escribir no para escapar, sino para registrar, con precisión casi clínica, la herida que no cierra.
Redacción / Kaos Review