LA MIRADA DE ALEX ARMEGA SOBRE "LUNA NEGRA", DE NARIGÓN BERTOTTI

LA MIRADA DE ALEX ARMEGA SOBRE "LUNA NEGRA", DE NARIGÓN BERTOTTI

Provocadora, ya desde la portada- donde podemos ver al autor huyendo de las balas-, autorreferencial, transgresora, surrealista, trágica, cómica, por momentos muy dura, Luna Negra es una novela que alberga muchas novelas, pero sobre todo es la novela de un amigo. No digo esto para justificar los elogios; la aclaración vale la pena porque Luna Negra, entre muchas otras cosas, trata preferentemente sobre el valor de la amistad. 

Escrita en tiempos difíciles, en un país que siempre fue una escuela de supervivencia, como en aquellos excelsos versos de Walt Whitman, Bertotti  parece cantarse a sí mismo: Pablo Vega, el Narigón, álter ego del autor, regresa a su país después de un largo exilio porque su padre ha muerto. Allí no tiene más que a sus amigos, el Gato, el Ruso, el Mono, el astrólogo Bader, tan reales como estos mates que mientras escribo me estoy cebando. Vega, en el avión que lo trae de vuelta al río de la Plata, conoce a Eva -una emoción apretando por dentro-, quien también regresa al lugar en que ha nacido en busca de alguna huella de sus padres desaparecidos.

Con estos personajes la mesa está servida. Bertotti y sus amigos están jodidos. Todos buscan algo, un padre, una madre, una novia, un recuerdo, un país, una cultura…, algo que duele y que han perdido. En esta búsqueda infructuosa, con la luna en el poniente, dan vueltas en círculo, como el perro que se muerde la cola, deambulan entre rayuela y laberinto, recorren una ciudad que ya no es, donde rige la ley de la selva y el sálvese quién pueda, devastada y saqueada por cipayos de peluquín en nombre de la economía de mercado. 

Son los años noventa, y este es el escenario de la novela del Narigón Bertotti, el marco opresivo y sin moral, abundante en calabozos y muertos vivos, donde los personajes hablan y fuman sin parar, construyen paradigmas existenciales y botiquines de primeros auxilios, los destruyen y vuelven a empezar. «¿A cuánta gente tendrían que haber fusilado los Montoneros si hubieran ganado?», se pregunta Vega, porque la dictadura sangrienta ha terminado, pero la democracia incipiente tiene más enemigos que amigos, y aquella frase se ha vuelto célebre en Argentina.

Pero la trama no se agota en la política porque Bertotti es un escritor de ficción, y Luna Negra no es una novela histórica. Prueba de ello, en un arriesgado experimento literario, en busca de un punto de fuga, traslada a sus personajes a otra novela llamada «El Sueño de los Héroes». Un singular homenaje al escritor argentino Adolfo Bioy Casares, quien junto a Leopoldo Marechal, Julio Cortázar, Roberto Arlt, y el Capitán Willard, acompañan a Bertotti en esta genial aventura.

A riesgo de ser malinterpretado, con todas las contradicciones ideológicas de aquella época a día de hoy sin resolver, Bertotti no se arredra, escribe por encima del escenario y de la historia para convertir al lenguaje en el verdadero protagonista de la novela. A narrar bien, como a jugar al fútbol, se aprende en la calle: «La amistad y el barrio, junto con una misión kármica de redención, son las tres componentes que te determinan». No lo digo yo, se lo dijo al Narigón el astrólogo Bader…

Estamos hablando de la segunda edición de la primera obra de Gabriel Bertotti, novela de culto en Argentina, editada ahora por Sloper, una editorial independiente de Mallorca, donde también ha publicado «Historia de los Ángeles» y «Pasar el Rato».


Alex Armega, originario de Bahía Blanca, Argentina, nacido en el año 1963. Posee un título universitario en Psicología. Ha dado a conocer al público varias de sus obras literarias, entre ellas: "La mansión de los altos estudios", "Entre la lluvia y el fuego", "El diablo en Marsella" y "Tres relatos y medio", las cuales fueron publicadas por la editorial Blurb Inc.