CONFESIONES DE UN STRIPPER: JOSE ALBERTO CAPAVERDE

Confesiones de un Stripper, por José Alberto Capaverde - Revista Kaos Review

La pidieron en matrimonio un jueves por la noche, después de haber cenado, y bebido vino blanco, e intercambiado unas cuantas sonrisas, ella tenía tiempo que deseaba escuchar esa proposición. Su novio era un tipo de mediana belleza, un poco gris, hasta común, de modales tradicionales y añejos, gustaba de tener cierta tolerancia, recién había terminado sus estudios era Lic. en Comercio Internacional.

Era un sujeto sin rostro.

Ella se sorprendió y poniendo gesto de asombro, y con una risa nerviosa, se quedó un rato callada, y estiró la mano, para recibir el anillo de compromiso, y sus labios lanzaron: un ¡sí!

Unas aves enjauladas elevaron sus cantos y movieron sus plumajes.

La noche sostenía a la luna dormida. 

***

En otro lado de la ciudad se encontraba un stripper, brindaba con su mejor amigo, y charlaban después de haber cumplido tres días de un espectáculo en Playa del Bacanal. Decían: merecemos no sólo descansar, y embriagarnos, sino hasta evadirse un poco de nuestras obligaciones "profesionales". 

Ambos tipos tenían cuerpos bien formados, armoniosos, y gozaban de buena reputación para bailar y saber sacarse la ropa. También tenían bien dominada su forma de convivir con grupos de mujeres, por lo cual, siempre eran solicitados. 

Aunque su trabajo consistía únicamente en las labores propias de un desnudista: crear un ambiente erótico y seductivo; muy frecuentemente se prostituían, para dejar más satisfecha a la concurrencia.  

Charlaron también de que para ser un bailarín exitoso, aparte de estar fortachón, también era de vital importancia tener en miembro grande y grueso, eso era lo primero que les veían, cuando hacían el casting.

De los honorarios que recibían, más las propinas de la parvada de féminas en celo, y haciendo un balance consideraban que eran privilegiados.

El licor se metía en su sangre y les hacía volar la mente.

El humo de cigarro se convertía en imágenes de clítoris, tetas, vulvas, traseros.

El licor los “golpeó” la consciencia, y los hizo dormir plácidamente.

Todo era silencio.

Juan se quedó solo, pensando:

Era stripper, y muchos pensaban que es un trabajo ideal, lo que nunca les dijo (porque es un verdadero profesional): es que no todas las participantes de las despedidas de solteras son lindas, algunas les huele boca, las axilas, les falta un diente, tienen cuerpos obesos, panzas prominentes, son deformes, llenas de estrías, las lonjas brotan por doquier, no tienen una cintura normal, tienen papada, rostro con granos, pechos diminutos, nalgas planas, piernas delgadas, pies con juanetes, uñas negras y con tierra. También sueltan flatulencias, huelen a licores y cannabis, cocaína, tachas, maquilladas como payasos, se vomitan, y se quedan tiradas en las escaleras ( en el suelo) de tanto abuso de sustancias, y sudan como cerdas, y lo peor te hostigan para que te las forniques, y tienes que hacerlo, porque para eso te contrataron. 

En realidad es muy difícil. 

Es una jauría de perras.

 Es un grupo de mujeres lujuriosas en búsqueda del falo.

Te acarician los pectorales, el torso, el abdomen, las pantorrillas, las ingles, se suben en tus piernas, mueven sus traseros, ponen sus senos en el rostro, lamen cualquier parte del cuerpo, y lo peor tratan de besarte de lengua. Lo digo porque algunas previamente se han vomitado.

Llegan como un frenesí, (la mayoría de ellas) que a nadie le importa mostrarse en público (aunque estén casadas), y en comunión mujeril, hacen lo impensable y más denigrante, o pasional, se "envalentonan" para mostrar quién es la más atrevida, y audaz, puta…  

Pierden toda compostura y se convierten en una horda de féminas en celo, algunas comen como salvajes, otras degustan cervezas (una tras otra), algunas fuman cannabis, otro grupo (la mayoría) inhalan "polvos cósmicos", y tienen los ojos vidriosos, sólo esperan que la "líder" diga: ¡al ataque!, para escoger su hombre (rentado) favorito. 

En su mente hay deseos (como obsesiones) hacer sexo oral, y que les llenen la boca, el rostro, los pechos, la espalda, de semen, y tomar con sus manos esos miembros y recorrerlos, apretarlos, jalarlos, sentirlos, luego ponerse en diversas posiciones para ser penetradas, habitadas, que las tomen de las caderas, los hombros, de los cabellos, del cuello, que las hagan gritar, gemir, aullar, jadear. Ahí ponen en práctica todas sus fantasías.

Las mismas amigas colaboran, deteniendo a la afortunada en turno, algunas la toman de los pies, otras de las manos, para que de esa manera se meta hasta el fondo de su cueva, ese pene en llamas, también aprovechan para chuparle y acariciarle las tetas, los pezones. 

Todo es un canto de carne y sangre, donde la razón no existe, sólo está presente la hiena del deseo. 

Así es como se festeja comúnmente esas fiestas de Despedidas de Solteras. 

He incluso todos los hombres (sus parejas) lo saben y lo soportan, es como un ritual extraño, animal, irracional.  

Algunas veces me dan tristeza los esposos, y en especial aquel que pagó toda la fiesta, para que su novia se convierta en su santa esposa, la madre de sus hijos.

Hay algunas hembras que se comportan tímidas y reservadas al inicio de la fiesta, pero a medida que entra en confianza, con la bebida y el ánimo de las compinches, van entrando en ambiente, y se desinhiben, y de repente cambia toda su personalidad, y les brillan los ojos, sus lenguas recorren sus labios, y se acarician sus tetas, la entrepierna, mirando el espectáculo. 

Se puede observar cómo pasan sus manos por todo su cuerpo, despacio, suave, lentamente, cruzan los pies, para sentir sus huecos, y hasta alguna de sus amigas, le ayuda: ya sea tocándole las piernas, besándola, lamiéndole el cuello, los oídos, la nuca, la frente, los pómulos, el mentón, es como un ritual "sagrado"... 

Algunas de ellas buscan un poco de privacidad y se entregan al amor sexual, no necesitan un hombre, sus manos se recorren, sus piernas se entrelazan, sus pechos chocan y se separan, sus lenguas recorren zonas erógenas, se escuchan los gemidos, los gritos, las "palabras sin sentido", se frotan, se juntan y separan, hasta llegar al orgasmo. 

Hacen "juegos" de grandes tetas, el cual consiste en mostrar quien las tiene más grandes, y así cada una de ellas pasa al frente y se abre la blusa, se hace a un lado los tirantes, se sacan el corpiño, otras no traen ropa interior, y sacan sus glándulas mamarias, para ser "calificadas", y así inicia la competencia, entre risas, asombros, y complicidades, hasta que el "jurado de damas", otorga el título anhelado: Miss Tetas. 

Hay participantes que tienen mucha pasión y ellas no sólo desean un desnudista, sino que aprovechan la ocasión y desean dos de ellos, ambos la excitan, la ponen en su punto, antes de meterse en ella, uno de ellos se sumerge en el ano, el otro en la vagina, y empieza el movimiento, la fuerza, el ritmo, y los aullidos sexuales. 

He visto como "damas" en toda la expresión de la palabra, se convierten en lobas en brama, cuando nos observan, se maravillan, sus lenguas recorren sus labios, sus miradas cambian, su respiración aumenta, su presión arterial sube, su piel se eriza, sus pezones se ponen duros, se mojan sus bragas, sus mejillas se llenan de rubor, pierden el control, están a nuestra merced.

Nadie podría imaginar que tienen algunas de ellas profesiones y puestos de alta responsabilidad, donde su conducta es "intachable" y de moral "alta". 

Una de ellas se excitó viendo a un colega desnudista, y sus amigas las convencieron de que hiciera el coito, porque después estaría más vigilada, la tomaron de las manos, de las piernas, para que entraran hasta el fondo esos falos erectos, pero la filmaron sin que se enterara (para que tuviese un recuerdo), como era poseída por dos negros, fortachones, veían con cierto asombro como esos miembros grandes y gruesos, entraban y salían en los huecos de la afortunada. 

Todos gritaban: sigue la anfitriona (decían el nombre de la próxima esposa), las amigas aplaudían y motivaban, hasta que Daniela así se llamaba la chica, aceptó, hicieron un tipo de rueda con las sillas, y en medio quedó la festejada, se puso en cuatro, estaba en pijama, sin ropa interior, por detrás un trabajador sexual, por delante otro, ambos al mismo tiempo se pusieron erectos, y entraron al mismo tiempo a la boca y a la vagina, mientras las invitadas aplaudían, y observaban fascinadas, era una maravillosa exhibición sexual.

Por último recordé que cuando me eligen a mí, para darle “la última fornicada” a la prometida, lo hago de manera feroz, duro, con velocidad "despiadada", y la pongo contenta, feliz , y grita: tú si eres hombre, eres macho, un dios, muy potente, dame fuerte, hasta que llore, que me broten las lágrimas, hasta que grite, no como el que será el padre de mis hijos, que más bien es un debilucho, alfeñique, y moralista.

Siempre pongo toda mi experiencia, para que quede (mi clienta) complacida y nos recomiende.


José Alberto Capaverde

El Seis (no es de un país en particular, es un hombre universal. Por el momento se encuentra en los Estados Unidos Mexicanos, como podría estar en España, Argentina, Francia, Alemania) se ha preparado en grado óptimo en los bares, cantinas, tabernas, panteones, y algunos manicomios. Así mismo ha encontrado una preparación sublime entre las piernas ardientes de las damas desnudas. Ha estudiado: Filosofía, Letras.  Le encanta, le fascina, le gusta, que llueva aguardiente escocés.