LA VALENCIA SUBTERRÁNEA (VENEZUELA) — LOG_01

Imagen de portada de La Valencia Subterránea — LOG_01, crónicas urbanas de Valencia, Venezuela, en Kaos Review. Collage con figura urbana, arquitectura colonial y elementos de la ciudad.

A mis 14 años, descubrí que el epicentro de nuestra anarquía no estaba en la desidia, sino alrededor de un bodegon en las afueras del C.C. Caribbean Plaza. Aquello no era solo una reunión de adolescentes; era un movimiento de alto calibre donde la dureza del metal y los mensajes de libertad se fundían en un solo código.

Recuerdo a Angelo y su hermano Leonardo. Angelo, con sus faldas escocesas y crestas imposibles, no solo desafiaba la estética de la ciudad, sino que era nuestra conexión con el mundo: en un tiempo sin internet, él era el guardián de la música y las revistas que llegaban por encargo, alimentando nuestra curiosidad antisistema.

Nuestra ruta era un mapa de concreto y sonido: del Caribbean al C.C. Profesional, Billboard, pasando por Music Master y los cines HS y Alfa. Éramos melómanos, rebeldes y soñadores que terminábamos las noches en la Plaza Montes de Oca o aventurándonos en el río Casupo, bendecidos por cantidades brutales de ron y anís.

Se formaron lazos que el tiempo no ha podido oxidar. Nombres que hoy son ecos de una Valencia que se atrevía a ser distinta: desde Rosa, Keyla y el Ovejo, pasando por Germán Reyes, John, los hermanos Corrado, hasta el legado de Ramón Muhamed. Muchos cruzaron la frontera; otros siguen aquí, resistiendo en silencio.

Nuestras noches tenían una banda sonora diversa, una gasolina compuesta por Slayer, Megadeth, Sepultura y Venom. Momentos que se consolidaban con cada viaje a Barquisimeto o cada concierto mítico en Caracas — como aquel de Iron Maiden en 1992, Pantera en 1993, o el célebre The New Titans on the Block. La música y la tolerancia crearon ese espacio inolvidable que hizo de Valencia la capital del rock.

Valencia, Venezuela. Circa 1990–1995.



Centro de Valencia, Venezuela: Revista Kaos Review

HOY: PALIMPSESTO DEL CENTRO DE VALENCIA — VENEZUELA

Analizo el Centro no como un destino, sino como un palimpsesto: un pergamino donde el presente intenta borrar el pasado, pero falla en los bordes. Mi libreta de campo de los 90 registra una densidad que hoy se ha vuelto traslúcida.

En los 90, el eje entre la Av. Cedeño y la Plaza Bolívar era una frecuencia de radio mal sintonizada: el grito de los vendedores, el motor de las camionetas de vía directa y el eco del rock que bajaba desde el Caribbean Plaza. Hoy, ese estruendo ha sido sustituido por un silencio administrativo. La reestructuración ha traído una pulcritud que se siente como una sala de espera: bancos pintados de un gris uniforme y faroles coloniales que iluminan un vacío que antes estaba lleno de fricción humana.

Si el Teatro Guaparo es la ruina que exhibe sus heridas, el Centro es el cadáver maquillado. Es fascinante y aterrador a la vez. Mientras camino, trato de unir los puntos.

La lente anamórfica del Guaparo — ahora propiedad de la fe comercial — es la misma distorsión que veo aquí. Se restaura la fachada de la casa natal o el teatro municipal, pero se hace bajo una estética de bodegón: superficies brillantes, vidrios espejados y una iluminación LED que le quita el misterio a las sombras de la Valencia vieja.


La Valencia Subterránea — Kaos Review

El contraste del "progreso" es una relación parásita. El brillo de los nuevos comercios de telas e importados se alimenta de la estructura de edificios que, por dentro, siguen teniendo el mismo cableado de cuando me fui hace veintidós años.

Mi paso por estas calles es el de un perito que encuentra inconsistencias en la escena del crimen. La reestructuración es cosmética; no hay una vuelta a la habitabilidad, sino una museificación del centro para el consumo rápido. Los 90 eran el desorden de una ciudad viva; el 2026 es el orden de una ciudad que se ha vuelto una vitrina.

Busco el detalle que delata la simulación: el aire acondicionado industrial rompiendo una cornisa del siglo XIX. Ahí, en ese punto exacto, es donde la Valencia que recuerdo y esta nueva ciudad chocan sin entenderse. Aun así, pienso que algo va a nacer, que algo se está edificando — no en los exteriores, sino en las sombras que se mantienen ocultas.


Valencia, Venezuela. 2026. 

Redacción - Kaos Review